lunes, 3 de diciembre de 2012

Villa Cariño


VILLA CARIÑO
Así se llamaba un cabaret que hubo en Tuxtla Gutiérrez, allá por los años setentas, cabaret en el que reinaba un mampo que tenía el nombre artístico de “El Bety”. Este personaje era muy popular en la capital del estado, vestía un tanto exótico y tenía autos lujosos. En Chiapas, todo mundo sabía de la existencia de el Bety, los Chiapanecos que vivíamos en el Distrito Federal, no éramos la excepción, aunque muchos de nosotros nunca lo conocimos en persona.
      Doña Jelen, mi madre, sabía quién era este sujeto, por eso, un día que llamó a mi casa por teléfono el Archiduque de Coss y le contestó mi mamá, se oyó el siguiente diálogo:
      —Bueno, ¿quién habla?
      —Tía, soy Oscar, su sobrino.
      — ¿Qué tal Osquitar, vas de paso?
      Doña Jelen sabía que el Archiduque estudiaba en otra ciudad.
      —Tía, ¿esta pór ahí el Bety?
      —¿Qué dijiste? Preguntó doña Jelen.
      —¿Está por ahí el Bety? De nuevo,
      —Mira, Oscar, mi hijo será todo lo que querás, será bolo, parrandero, medio irresponsable, pero mampo no es.
      —Pero tía, yo no estoy diciendo que su hijo es mampo.
      —¿Qué, no estás preguntando si está el Bety?
      —Si tía, si esta el Veti-rinario.
     
MVZ. Enrique Orozco González.

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