UN BUEN DUETO
Don Juanito, era un hombre
mayor que se desempeñaba como portero en el edificio donde vivían unos
familiares en el Distrito Federal, a quienes visitaba con frecuencia. Cuando
joven, don Juanito trabajaba como albañil y a pesar de su edad, todavía era un
hombre con bastante fortaleza física y hablaba con el estilo que tiene la gente
del Estado de México que no ha asistido a la escuela.
Usaba la palabra ansina en lugar de así, yo era el dotor, y su
chucho –un bonito criollo de buen tamaño–, era el Trigue en sustitución de el
Tigre.
El Trigue, al igual que su amo, habían visto pasar ya sus
mejores años y como don Juan, ya lucía el cabello entrecano, –más cano que
entre– pero según su dueño, había sido el padre de muchas camadas porque era un
perro “muy cumplidor”
Una ocasión en que me vio entrar al edificio, me atajó con una
pregunta.
—Oiga ¿Es usté dotor de animales?
—Sí señor, le contesté, ¿En qué le puedo servir?
—A mí no, ¡Al Trigue!
—Perdón, ¿Qué le pasa al Tigre?
—Pos, gomita.
—¿Cada cuándo?
—Cada que quiere.
— ¿Y quiere muy seguido?
—Pos cada que come.
Me explicó que el Tigre comía lo mismo que él. Tenía una
pequeña parrilla eléctrica donde cocinaba lo que comían ambos, pero entendí que
la dieta de ellos consistía en un ochenta por ciento de tortillas. Decirle a
don Juan que lo que causaba el vómito de el Tigre era lo inadecuado de su
dieta, resultaba inútil, así que le sugerí que le bajara un poco a las
tortillas y aunque sea “engañado”, le adicionara un poco de carne a lo que comía.
—Mire usté dotor, de engañados vamos a morir el Trigue y yo,
pero sí le digo, que aunque usté diga que las tortillas no son suficientes, me
han servido pa’ tener diez hijos y el Trigue tiene como unos ciento cincuenta
chamacos, y concluyó, ¡hacemos un buen dueto!
Lo único que podía decir, lo dije.
—Amén.
MVZ. Enrique Orozco
González.
10 de diciembre de 2012
@EnriqueOrozcoG
No hay comentarios:
Publicar un comentario