viernes, 14 de diciembre de 2012

Los Gordos


LOS GORDOS.

El doctor Enrique Cruz, mi compadre, es un traumatólogo ortopedista chingonometricazo, el sostiene, que la gran mayoría de las molestias articulares que sienten sus pacientes, se los evitarían si no tuvieran sobrepeso.
      En una ocasión, llegó a consulta a su consultorio una señora como de cuarenta años que sentía dolor en las rodillas. Después de examinarla, le dijo:
      —Señora, las molestias que siente, en gran parte, se debe por su exceso de peso, ¡póngase a dieta pero ya! Mientras no lo baje, su dolor estará ahí.
      Al rato llegó un tipo que pesaba como 130 kilos, quejándose de sentir molestias en los tobillos y rodillas. Igual que con la señora, después de auscultarlo, le comentó:
      —Amigo, si no baja usted de peso, cuando menos cuarenta kilos, sus molestias seguirán ahí, póngase a dieta y sus dolores desaparecerán, ¿entendió?
      El tercer paciente de la tarde que llegó a consulta estaba flaco y alto, parecía una palmera como las que hay en del parque de Tapachula.
      —Doctor, me duelen las rodillas y los tobillos ¿Qué debo de hacer?
      —Lo primero que debes hacer es engordar, porque estás tan alto y flaco que tus rodillas no aguantan el bamboleo que le provoca el viento. Además, a mi me gusta regañar únicamente los gordos, ¿viste?
MVZ. Enrique Orozco González
12 de diciembre de 2012

@EnriqueOrozcoG


La Asiatica


LA ASIÁTICA

Mi compadre, el doctor Enrique Cruz me comentó que un amigo que tenemos en común, una asiática lo traía “bien jodido”
      —¡Que envidia! Le contesté, a mí, Dora Celina, no me deja tené querida ni en CD.
      —¿De qué querida me estás hablando?
      —De la querida China que tiene nuestro amigo, ¡la que lo trae jodido!, ¡La asiática!
      MI compadre me miró muy serio y dijo:
      —Yo creo que mejor te lo escribo.
      Cuando me entregó el papel había escrito con letras bien grandes.
      —LO TRAE BIEN JODIDO UNA CIÁTICA.
      —¿Entonces no lo debo de envidiar?
      —Yo creo que no.
      —Qué bueno que me aclaraste porque estaba pensando hablarle por teléfono pa’ felicitarlo.
      Filosofó el doctor Cruz.
      —Compadre, de la felicidad a la tragedia únicamente hay una letra.
      —Si pué.

MVZ. Enrique Orozco González.
12 de diciembre de 2012

@EnriqueOrozcoG











Buen Dueto


UN BUEN DUETO

Don Juanito, era un hombre mayor que se desempeñaba como portero en el edificio donde vivían unos familiares en el Distrito Federal, a quienes visitaba con frecuencia. Cuando joven, don Juanito trabajaba como albañil y a pesar de su edad, todavía era un hombre con bastante fortaleza física y hablaba con el estilo que tiene la gente del Estado de México que no ha asistido a la escuela.
      Usaba la palabra ansina en lugar de así, yo era el dotor, y su chucho –un bonito criollo de buen tamaño–, era el Trigue en sustitución de el Tigre.
      El Trigue, al igual que su amo, habían visto pasar ya sus mejores años y como don Juan, ya lucía el cabello entrecano, –más cano que entre– pero según su dueño, había sido el padre de muchas camadas porque era un perro “muy cumplidor”
      Una ocasión en que me vio entrar al edificio, me atajó con una pregunta.
      —Oiga ¿Es usté dotor de animales?
      —Sí señor, le contesté, ¿En qué le puedo servir?
      —A mí no, ¡Al Trigue!
      —Perdón, ¿Qué le pasa al Tigre?
      —Pos, gomita.
      —¿Cada cuándo?
      —Cada que quiere.
      — ¿Y quiere muy seguido?
      —Pos cada que come.
      Me explicó que el Tigre comía lo mismo que él. Tenía una pequeña parrilla eléctrica donde cocinaba lo que comían ambos, pero entendí que la dieta de ellos consistía en un ochenta por ciento de tortillas. Decirle a don Juan que lo que causaba el vómito de el Tigre era lo inadecuado de su dieta, resultaba inútil, así que le sugerí que le bajara un poco a las tortillas y aunque sea “engañado”, le adicionara un poco de carne a lo que comía.
      —Mire usté dotor, de engañados vamos a morir el Trigue y yo, pero sí le digo, que aunque usté diga que las tortillas no son suficientes, me han servido pa’ tener diez hijos y el Trigue tiene como unos ciento cincuenta chamacos, y concluyó, ¡hacemos un buen dueto!
      Lo único que podía decir, lo dije.
      —Amén.

MVZ. Enrique Orozco González.

10 de diciembre de 2012
@EnriqueOrozcoG

Alain Delon


ALAIN DELON

El Chali me platicó, que un domingo, se encontraban varios amigos en la pérgola del parque central de Villaflores, alistándose para ir al cine a encontrarse con las novias, entre ellos estaban Loncho Zavaleta y Julio Castillejos.
      Los dos se levantaron a comprar cigarros, al pasar frente a un gabinete de cristal que en el fondo tenía espejo,  Loncho aprovechó para sacar de una bolsa de su pantalón, su infaltable peine “Pirámide”, comenzó a peinar su envaselinado cabello mientras se deleitaba viéndose con gran cariño en el espejo, cuando terminó de correr el peine por su cabeza, le dio un pequeño jalacordel al copete para darle la forma que deseaba.
      —Compadre Julio ¿Ya te diste cuenta que toda la fachada de Alain Delón estoy agarrando?
      Julio contestó con esa simpatía innata en él.
      —Yo más bien diría que tenés toda la fachota pero de Adelaidón.

MVZ. Enrique Orozco González.

6 de diciembre de 2012
@EnriqueOrozcoG

lunes, 3 de diciembre de 2012

Villa Cariño


VILLA CARIÑO
Así se llamaba un cabaret que hubo en Tuxtla Gutiérrez, allá por los años setentas, cabaret en el que reinaba un mampo que tenía el nombre artístico de “El Bety”. Este personaje era muy popular en la capital del estado, vestía un tanto exótico y tenía autos lujosos. En Chiapas, todo mundo sabía de la existencia de el Bety, los Chiapanecos que vivíamos en el Distrito Federal, no éramos la excepción, aunque muchos de nosotros nunca lo conocimos en persona.
      Doña Jelen, mi madre, sabía quién era este sujeto, por eso, un día que llamó a mi casa por teléfono el Archiduque de Coss y le contestó mi mamá, se oyó el siguiente diálogo:
      —Bueno, ¿quién habla?
      —Tía, soy Oscar, su sobrino.
      — ¿Qué tal Osquitar, vas de paso?
      Doña Jelen sabía que el Archiduque estudiaba en otra ciudad.
      —Tía, ¿esta pór ahí el Bety?
      —¿Qué dijiste? Preguntó doña Jelen.
      —¿Está por ahí el Bety? De nuevo,
      —Mira, Oscar, mi hijo será todo lo que querás, será bolo, parrandero, medio irresponsable, pero mampo no es.
      —Pero tía, yo no estoy diciendo que su hijo es mampo.
      —¿Qué, no estás preguntando si está el Bety?
      —Si tía, si esta el Veti-rinario.
     
MVZ. Enrique Orozco González.